30 Septiembre 2006

Sábado

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Recetario Lebaniego
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La gastronomía lebaniega

Dibujo de Gustavo Cotera

Dibujo de Gustavo Cotera para ilustrar el trabajo sobre gastronomía lebaniega que está realizando la Sociedad Económica de Amigos del País de Liébana

29 Septiembre 2006

Viernes

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Noticias de Liébana
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BEATO DE LIÉBANA

No podía ser de otra manera: el lebaniego más universal es un oscuro monje del siglo octavo, Beato de Liébana, autor de un Comentario al Apocalipsis que se convirtió en el libro de mayor éxito de la España altomedieval, y que, gracias a la riqueza y originalidad del programa iconográfico de las miniaturas que ilustran los distintos códices, conocidos precisamente con el nombre de “beatos” (fundamental para entender el desarrollo posterior de la pintura y la escultura románicas), disfruta de merecida fama y unánime reconocimiento.

Pero la dimensión artística no agota, ni mucho menos, el interés del personaje. Para muchos estudiosos, tanto el tema elegido por Beato y su tratamiento, como el considerable esfuerzo realizado por los humildes monasterios del norte peninsular para poseer un ejemplar de los Commentaria, trascienden con mucho la mera inquietud escriturística o estética. Porque si bien es verdad que la precaria situación de los núcleos cristianos del incipiente reino astur-cántabro (si es que propiamente se puede hablar de tal) explica el recurso a un libro como el Apocalipsis, que tiene su origen y razón de ser en el necesidad de alentar la esperanza de los primeros cristianos ante las primeras persecuciones romanas, en opinión de la mayoría responde igualmente a una voluntad política de enraizamiento o invención de una nación, frente al poder del emir cordobés.

En tal sentido se pronuncia José Jiménez Lozano en su Guía espiritual de Castilla, donde textualmente afirma:

“de Liébana, y a propósito de la glosa teológico-política que Beato hace del Apocalipsis, partirá un doble movimiento liberador: un movimiento militar contra el poder islámico y un movimiento religioso de ortodoxia integral y monolítica que estaba en el corazón mismo de lo mozárabe como defensa del acoso cultural islámico y seña de identidad cristiana”.

Y en la misma perspectiva, más recientemente, Jon Jauristi, en el ensayo El reino del ocaso. España como sueño ancestral, considera los Commentaría de Beato de Liébana el primer libro plenamente español:

“(…) fue este texto sagrado [el Apocalipsis de Juan] que sostuvo y animó la lucha de los cristianos españoles contra el Islam a lo largo de toda la Edad Media, y el que inspiró, en los orígenes mismos de la Reconquista, el primer libro plenamente español: los Commentaria de Beato de Liébana. Español, porque fue pronto copiado en todos los reinos cristianos de la Península, creando entre ellos un fuerte vínculo y haciendo nacer una comunidad imaginada. Una nación.”

El mismo propósito cabe descubrir en la polémica adopcionista sostenida entre Beato y su discípulo Eterio, obispo de Osma, contra el metropolitano de Toledo Elipando. Esa doctrina tenía origen en el intento de erradicar un error dogmático en el que se había implicado hasta el legado de Carlomagno encargado de poner orden, y mantenía que Cristo, en cuanto hombre, era sólo hijo adoptivo del Padre. Cuando Beato, desde la apartada Liébana, salió en defensa de la ortodoxia, hubo de sufrir el zarpazo del orgullo herido del primado toledano. Pero la respuesta no se hizo esperar.

Beato, con el apoyo al menos nominal de la autoridad episcopal del joven Eterio, contraatacó con un texto apasionado y duro, el Apologeticum, que, al margen del grueso lenguaje, fue una ocasión impagable para la promoción del monje lebaniego ante la corte de Aquisgran, y con él del incipiente reino asturiano, gracias al trato con Alcuino, uno de los principales asesores del emperador, y al desarrollo y la solución final de la controversia adopcionista por parte de la corte imperial en el concilio de Frankfurt, donde triunfaron las tesis defendidas por Beato.

Pero tanto el alcance del Apolegeticum como el de los Commentaría no se agota en el plano teológico. Y aunque sólo indirectamente sea posible adjudicar a Elipando el famoso insulto de “testículo del Anticristo”, al menos entre líneas es posible establecer cierto paralelismo entre las figuras apocalípticas de la Gran Babilonia o la Gran Ramera y el poder del emirato cordobes, y por extensión con la sede metropolitana de Toledo in partibus infidelium, máxime cuando su titular, Elipando, era reo de herejía. En cualquier caso, todo ello redundaba en prestigio y autoridad, tanto religiosa como política, para el marginal núcleo cristiano resistente del norte peninsular, y le dotaba de apreciables cartas de presentación para establecer vínculos de amistad y cooperación con el naciente Imperio Romano-Germánico de Occidente.

Si, como todos los indicios señalan, fue Beato el autor del himno litúrgico O Dei verbum, texto en el que se afirma por vez primera que Santiago el Mayor fue el evangelizador de Hispania, y cuyo acróstico inicial reza: “Oh rey de reyes, escucha al piadoso rey Mauregato, defiéndele y protégele con tu amor”, el papel jugado por el monje lebaniego cobra de nuevo un relieve especial. La búsqueda de un patrón de campanillas como este Hijo del Trueno para el insignificante reino tramontano pone de manifiesto la desproporcionada dimensión de la empresa iniciada por Beato, cometido que encontrará cumplida continuación con la invención de la tumba del Apóstol en Compostela durante el reinado de Alfonso II.

En definitiva, cabe concluir con Joaquín Yarza Luaces (Beato de Liébana. Manuscritos iluminados) que

“Beato no fue un modesto monje encerrado en las inaccesibles montañas de Cantabria. Por el contrario poseyó una notable cultura religiosa, una gran capacidad para enfrentarse y discutir. Intervino activamente en la política religiosa y en la profana y, quizás, vislumbró la necesidad de dotar de signos de identidad al que pretendía ser un reino cristiano con todo lo que correspondía y que se encontraba aún en una etapa de infancia”.

César Gutiérrez Fernández, contenidos para la sección de Ocupación Humana
en el Centro de Interpretación del Parque Nacional de Los Picos de Europa.

29 Septiembre 2006

Viernes

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PREHISTORIA EN LA COMARCA LEBANIEGA

Podemos hablar de una ocupación humana en la Historia de Liébana que se remonta al Paleolítico Medio, las investigaciones realizadas en las excavaciones arqueológicas de la cueva de “El Esquilleu”, “El Arteu”, en el asentamiento “El Habario” o en los vestigios históricos de la “Cueva de La Mora”, todos ellos en el Desfiladero de La Hermida demuestran que desde hace 50.000 años hay asentamientos de población en la comarca lebaniega, podemos por tanto hablar de grupos de neandertales muy bien adaptados en la zona del Desfiladero, importante vía natural de penetración y lugar ideal para la caza y la explotación de recursos forestales, además de que por su sustrato calizo permite el asentamiento en cuevas y abrigos naturales. Durante la época del Paleolítico Superior y Mesolítico, más o menos hasta la segunda mitad del 4º milenio a.C. hay una clara preferencia por los asentamientos litorales y un retroceso del poblamiento en los valles interiores.

Gracias a las investigaciones del Dr. Agustín Diez Castillo, podemos considerar el megalitismo como el 1º fenómeno universal en la comarca de Liébana, ya que la abundancia de monumentos megalíticos nos habla de una población distribuida por todos los valles de la comarca. Son la primera evidencia de la neolitización de la comarca.
Tenemos grandes áreas de conjuntos megalíticos en toda Liébana, en la zona de Pico Jano (Vega de Liébana), en la Braña de los Tejos (Cillorigo), en Aliva (Camaleño), El de Camponuera (Pesaguero) y el de Peña Oviedo también en Camaleño. En este último se han centrado las excavaciones arqueológicas que han permitido obtener resultados extraordinarios a la hora de conocer la forma de vida de los primeros pastores lebaniegos. En esta zona que reúne en media Ha. 9 monumentos de tipología variada y una amplia zona de hábitat contemporáneo a los mismos, datados por C14 convencional en el 5195+-25 y el 4820+- 50 BP.

La ubicación de estos megalitos (tipo de yacimiento neolítico, con referencias funerarias) sólo se puede explicar, desde el punto de vista económico por la utilización de la pradera alpina natural y por la posterior expansión de la misma, es decir por el desarrollo de los pastizales para alimentar a los rebaños de ovejas y cabras, actividad trashumante que se desarrollaba desde el fin de la primavera hasta las primeras nieves. La actividad ganadera se complementaba con la recolección de recursos forestales, como así lo atestiguan los vestigios de frutos secos encontrados, los molinos y muelas y las estructuras utilizadas como silos obtenidos en las diversas etapas de las excavaciones arqueológicas en la Peña Oviedo desde 1989 hasta la actualidad.

El desarrollo de las actividades cinegéticas están demostradas por la aparición de puntas de flecha y microlitos geométricos y la presencia de raspadores nos remiten al trabajo de pieles. Además de un dato importante como es la aparición de la cerámica.
Las estructuras megalíticas constituyen una voluntad de dominio del territorio, la ubicación de los megalitos en zonas de paso en Liébana es constante; marcan el territorio lo que demuestra una organización social que busca la explotación de nuevos territorios que procuraban delimitar con sus estructuras.

La pieza clave en la articulación del territorio fue durante la Prehistoria, y es aún hoy, el valle. Cada uno de los valles posee su territorio común y lo poseyó desde el Neolítico, cada comarca erigió sus monumentos megalíticos en una determinada zona y en ninguna de las comarcas faltan. Su ubicación refleja el primer y, quizás, postrer intento de delimitación del territorio en los valles occidentales de Cantabria.

Consolidada la apropiación del espacio por parte de los grupos neolíticos no queda sino en el devenir de los grupos prehistóricos de los valles del Deva consolidar los territorios ya definidos con la formación de asentamientos permanentes en cada uno de los valles y el desplazamiento del centro de gravedad hacia el fondo de los valles.

A partir del 2.500 a.C. se irán relegando la construcción de estructuras megalíticas, pero se convertirá en una constante el carácter sagrado de los mismos y, finalmente, con la cristianización de los mismos como por ejemplo en Aliva con la ermita de Nuestra Señora de La Luz.

La evolución del poblamiento a partir de la erupción megalítica se estabiliza en la explotación de los mismos recursos hasta prácticamente la actualidad. Poco sabemos de lo que sucede durante las fases metalúrgicas de la Prehistoria.

EL CONJUNTO DE PEÑA OVIEDO

Situado en la falda del macizo oriental de los Picos de Europa. Está compuesto por dos agrupaciones bien definidas, Pedresites y La Calvera, se han documentado dos áreas de funciones diferenciadas, una inmediata a la Peña Oviedo y otra en la campa ocupada por las estructuras megalíticas. En Pedresites se han localizado cuatro estructuras tumulares con restos de sus cámaras sepulcrales, un menhir tumbado y una estructura de planta ovoide de difícil caracterización. El monumento que da nombre a la campa conserva dos ortostatos verticales, vencidos hacia el interior de la cámara hasta casi tocarse.
En La Calvera, se conservan tres túmulos con cámaras o cistas dolménicas, dos cámaras dolménicas con los túmulos arrasados, un túmulo sin evidencia de cámara, un circulo de piedras, un alineamiento ( el único conocido en la región) y una estructura murada, además de lajas hincadas. Todo ello, en menos de ½ Ha., con una distancia máxima de 70 mts. entre los monumentos.

En el conjunto hay aún otros monumentos aislados: el gran túmulo de Sopeña, con la cámara dolménica más grande y mejor conservada de la comarca; el de Aguadrobos, muy mal conservado; un círculo en Los Cuetos que conserva en su interior una laja que podría pertenecer al recinto cameral y un túmulo muy arrasado en el mismo paraje.

En toda esta zona cabe destacar una zona de hábitat, donde se han documentado varias estructuras entre las que destacan un muro de planta semicircular de más de un centenar de metros, varios silos y la planta de una cabaña., además de agujeros de postes y una estela.

Los materiales provenientes del área de asentamiento son principalmente elementos de hoz y abundantes fragmentos de pulimentos, así como distintas especies cerámicas (sin similitudes en el resto de la cornisa), También hay restos de industria pesada, piezas pulimentadas rotas, el hacha pulimentada del Dolmen de Peña Oviedo, cantos de cuarcita con huellas de uso como percutores y/o yunques y entre los restos arqueobotánicos destaca la abundancia de avellanas encontrados en la cabaña.

En la descripción del conjunto megalítico de la Peña Oviedo hay que destacar la alta concentración de vestigios que se observa en el lugar. Esa alta concentración se da tanto en cuanto al número de agrupaciones , como al número de estructuras de cada agrupación.

Eva Guerra Badía, contenidos para la sección de Ocupación Humana
en el Centro de Interpretación del Prque Nacional de Los Picos de Europa.

29 Septiembre 2006

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Conferencias
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CASAS DE LIÉBANA

3er. CICLO DE CONFERENCIAS
EL PATRIMONIO EDIFICADO DE LIÉBANA

CÉSAR GUTIÉRREZ FERNÁNDEZ /ARQUITECTO

Jornadas Arquitectura 1 2“Antiguamente, toda la comunidad participaba en al creación de las viviendas y de los utensilios que empleaban. Cada individuo tenía un contacto fructífero con esas cosas; las casas anónimas se construían con un sentimiento natural hacia el lugar, los materiales y el uso, y el resultado era de un encanto sumamente adecuado”.

Steen Eiler Rasmussen
(“La experiencia de la arquitectura”, 1958).

( Hay que poner en cuarentena lo del “sentido natural hacia el lugar ”… Pero hace cuarenta años todavía se creían esas cosas.)

Como responsable técnico de algún que otro desatino en la materia, hubiera resultado más apropiado que la Sociedad Económica me encomendara hablaros de los procesos de deterioro y sustitución de las edificaciones tradicionales, tema que desarrollo en la primera entrega de este ciclo Leonardo Puértolas.

Pero, para no hacer sangre, sólo me han encargado hablar de la parte buena (o al menos más aséptica), o sea, de las edificaciones que conforman o conformaban los asentamientos tradicionales de Liébana hasta “el advenimiento de la civilización y el progreso” (que dirían “Les Luthiers”) hace apenas tres o cuatro décadas, una vez que Eduardo Ruiz de la Riva nos ilustró hace un par de días sobre el origen, desarrollo y tipología de los núcleos de población en Liébana.

Cuando se habla de “patrimonio edificado” es habitual pensar en valiosos edificios religiosos o civiles: iglesias, castillos, torres, palacios, casonas, etc. Sin embargo, como puede deducirse del título, ante la necesidad de acotar un campo tan amplio, yo me voy a centrar en un patrimonio más humilde, pero, en mi opinión, no menos importante, aunque esté excluido de los inventarios artísticos y monumentales al uso. Me refiero, a la arquitectura doméstica rural, a la casa como célula básica de las aldeas lebaniegas y como unidad de convivencia y de producción de la economía campesina hasta la quiebra del modelo tradicional.

Por esa limitación autoimpuesta he titulado esta charla “Casas de Liébana”. Podría haberla llamado “La casa lebaniega”, concepto al que se refieren algunos autores, pero al no estar nada claro que exista tal casa, como un modelo que se repite sistemáticamente, prefiero hablar de “Casas de Liébana”. Lo que digo tendremos ocasión de comprobarlo con la ayuda de unas cuantos fotos que nos permitirán analizar, aunque sea someramente, distintos ejemplos de edificaciones domésticas y agropecuarias tradicionales de Liébana, y compararlos con los que existen en otros valles de Cantabria.

En buena parte de Cantabria sí existe, por el contrario, un modelo de casa “proyecto ideal e imaginario que se materializa e individualiza en cada obra concreta, que ha asegurado la calidad de nuestra arquitectura rural hasta principios de este último siglo” [S. XX], en palabras de Eduardo Fernández-Abascal y Florentina Muruzabal (“La casa rural en Cantabria”, 1.987). Se trata de la conocida como “casa montañesa”, cuyo origen y evolución desde la baja Edad Media hasta el siglo XX ha estudiado detalladamente Eduardo Ruiz de la Riva en su tesis doctoral (“Casa y aldea en Cantabria. Un estudio sobre la arquitectura del territorio en los valles del Saja-Nansa”, 1.991), y cuyo ejemplo más conocido es la casa de dos plantas con solana y soportal, una casa rural que se adosa con facilidad y que forma las agrupaciones en hilera características de muchos pueblos de los valles centrales de Cantabria.

¿Existe ese tipo de “casa montañesa” en Liébana? Tendremos ocasión de comprobarlo viendo las diapositivas, pero ya adelanto que su presencia es escasa y tardía, y prácticamente inexistente la de las agrupaciones en hilera. Me voy a ocupar ahora brevemente de la “casa lebaniega” según la caracterizan diversos especialistas que se han referido a ella en este siglo.

La “casa lebaniega”

Sobre la supuesta “casa lebaniega” existen, como digo, algunos estudios más o menos sistemáticos, pero, en realidad, ninguno con profundidad. La casi total ausencia del soportal y la escasez de muros cortavientos; la menor importancia de la solana o corredor, el patín o escalera exterior de acceso a la planta alta; los hornos adosados o empotrados en las fachadas de los edificios; el empleo del ladrillo y del adobe junto con otros materiales más habituales en el resto de Cantabria, como la piedra, la teja árabe y los entramados de madera, la abundancia de “sardos” o “sietos” (entrelazados de varas de avellano), son algunas de las notas señaladas por los especialistas para caracterizarla…

Sin duda, las fuertes pendientes en las que con frecuencia se realizan los asentamientos son una condición bastante determinante de los edificios, y originan soluciones singulares, aprovechando la posibilidad (y necesidad) de practicar entradas a distintos niveles, posibilidad especialmente utilizada en las cuadras y pajares para facilitar las labores de descarga de la hierba y la ceba del ganado.

El corral, delimitado por una cerca de piedra practicable a través de una portilla o portalada, y la era son espacios anexos frecuentes en la unidad de producción formada por vivienda, bodegas, establos y pajares, estrechamente vinculados a los cultivos tradicionales en la comarca. Pero existen también importantes edificios de uso agropecuario independientes de esa unidad morfológica que, como parte fundamental del tejido de los núcleos históricos, tendremos ocasión de comentar como se merecen.

Las diferentes altitudes, condiciones climáticas y materiales constructivos que existen en Liébana, constituyen otros tantos factores a considerar para explicar los diferentes tipos de arquitecturas domésticas. Entre la parte baja del Valle de Cillorigo (Lebeña, Castro o el Concejo de San Sebastián) y los pueblos más altos de las cabeceras del sur y oeste de la comarca (Caloca, Dobres, Dobarganes o Pido), existen desniveles en torno a los 700 metros, que necesariamente implican diferencias constructivas y arquitectónicas.

El estatus social y económico es, inevitablemente, otro factor claramente diferenciador entre los distintos edificios domésticos. El tamaño y la calidad constructiva son algunos de sus exponentes más evidentes, por no hablar de los escudos de armas, que aunque en ocasiones no se corresponden con el poder económico, expresan siempre una más o menos rancia hidalguía, haciendo honor a lo que se dice en “El Diablo Cojuelo”: “Aunque seamos zapateros de viejo, en siendo montañeses, todos somos hidalgos”.

Antes de pasar a proyectar las diapositivas me interesa hacer un breve repaso de las distintas publicaciones que se ocupan de la arquitectura rural lebaniega, a las que después me referiré en la proyección:

-“Arquitectura rural montañesa de la provincia de Santander. Estudios de viviendas y modos de vida”. Servicio de Arquitectura de FET y de las JONS. (Años treinta). Publicado por Isabel Ordieres Díez en “La vivienda rural en Cantabria. Un estudio durante la Autarquía” (Santander, 1.998).

Recoge dos de ejemplos de casas de Espinama, dos de Pido y uno de Valdeprado, de los cuales sólo se conserva una casa de Espinama y otra, muy degradada, en de las de Pido, mientras que la de Valdeprado ha sufrido una modificación radical.

(Los planos están reproducidos en el libro “Liébana y Picos de Europa”, de Manuel Pereda de la Reguera (1.972), sin citar procedencia.)

-“Arquitectura popular española”, volumen 2 (Madrid, 1973), de Carlos Flores.

Se ocupa de pasada de una casa de Valdeprado (la misma que el estudio de FET y de las JONS) y un par de edificios de Espinama. Con mayor ligereza se refiere a Avellanedo, Frama, Potes, Camaleño, Turieno, Cosgaya, Las Ilces y Pido, al parecer sin apearse del coche. Sin embargo, de Potes dice: “Pese a ser desde hace tiempo pueblo concurrido por el turismo, conserva ejemplares de diversos tipos de casa popular que permiten formarse una idea del enorme interés que ofrecería hace medio siglo”.

-“Itinerarios de Arquitectura Popular española”, Tomo 2 (1.975), de Luis Feduchi.

Con dedicación similar a la del libro de Carlos Flores comenta varias fotos de edificios de Espinama y Potes.

-“Arquitectura popular en Cantabria. Tipologías y situación actual” (1.986), de Juan Carlos García Codrón y Pedro Requés Velasco.

Define varios tipos de casa en Cantabria, además de la consabida “casa montañesa” (casa de dos plantas con solana y soportal), de los cuales cito a continuación los que existen en Liébana:

- Casa con solana y estragal (“zaguán abierto”), que es, dicen, la construcción más característica y original de la arquitectura rural de Cantabria: la “casa montañesa” mencionada anteriormente.

- Casa con balcón corrido en voladizo. (Este es el más abundante en Liébana).

- Casa con galería acristalada.

- Casa con planta abuhardillada.

-“Dibujos y comentarios sobre Arquitectura Montañesa Popular”, (1.992), de Alfonso de la Lastra Villa.

Esboza una teoría sobre la supuesta “Casa lebaniega” original (con fachada en el hastial) y rastrea sus vestigios en la actualidad. Aporta, entre otros dibujos propios de casas de Liébana existentes con fachada en el hastial, planos de una casa de Cambarco, desaparecida en el año 1.960, que para él es el mejor exponente de la auténtico modelo de la casa lebaniega, más o menos generalizable a gran parte de la Europa atlántica. Todo ello no pasa de una mera hipótesis sin demasiado desarrollo…

-“Antropología del pueblo lebaniego”, dentro de la publicación “Año Santo Lebaniego (2.000), de Eloy Gómez Pellón.

Se refiere a varios tipos de casa en Liébana:

- Viejas viviendas con fachada en el hastial, “reminiscencia de otras más antiguas de una sola planta”.

- Casas con patín.

- Casas con escalera interior.

Hace notar la importancia que tiene el corredor en las casas de Liébana, con “presencia mucho mayor de lo que a menudo se le atribuye”.

El precioso legado de la arquitectura tradicional debe servir de estímulo y substrato cultural para intervenir en el presente mirando hacia el futuro, nunca como modelo a reproducir mimética y acríticamente. Los pastiches sólo pueden ser caricatura de nuestro valioso patrimonio edificado. Un mínimo respeto a esa herencia cultural nos debería obligar a esforzarnos para tratar de estar a la altura, haciendo, desde el conocimiento y el respeto por el pasado, nuestra aportación original para las generaciones venideras.

En el mismo sentido, y para terminar, quiero hacer una cita para ilustrar el espíritu con el que, al menos yo, me acerco al venerable patrimonio edificado del que hablamos, no sea que el bosque de imágenes nos impida ver lo fundamental. En relación con la preocupación actual de muchos profesionales (arquitectos, urbanistas y, paisajistas,…) por la degradación del paisaje, escribía hace unos meses el arquitecto y publicista Luis Fernández-Galiano lo siguiente, que, en mi opinión, es plenamente aplicable al tema de la arquitectura rural tradicional, componente fundamental, al fin y al cabo, del paisaje lebaniego:

“Quizá la mejor manera de intervenir en la cacofonía ambiental (…) sea a través de las pautas perezosas y sabias de la naturaleza: frente a la ley de hierro de la economía, la ley de tierra de la ecología. Esa ley natural, sin embargo, es muy artificial: la ecología del paisaje es ecología humana, la ley del lugar es la norma de los que lo habitan, y el genius loci resulta al cabo del pacto de las gentes. El recurso intelectual y emotivo al orden arcaico de la tierra desvía la atención de las leyes voluntarias que construyen el paisaje: su medicina no es panacea sino placebo.
(……)

“A medida que se desdibujan los límites entre la ciudad y el campo, desflecando las tramas del tejido urbano y contaminando con construcciones azarosas los espacios abiertos del ámbito rural, el paisaje se transforma en una amalgama incierta y heteróclita gobernada por las leyes cambiantes del beneficio y la oportunidad, y este naufragio consentido alimenta el fervor por lo que desaparece”.

Luis Fernández-Galiano
(“La ley de la tierra”, EL PAÍS, 12 de mayo de 2.001).

Sólo me resta desear que ese fervor por lo que desaparece nos sirva para tratar de conocer mejor este frágil patrimonio edificado que es la arquitectura rural, para respetarlo y conservarlo en la medida de lo posible, y para tomarlo como inspiración y estímulo en la búsqueda de claves para diseñar el futuro. Si consiguiéramos sustituir lo que desaparece por otros inmuebles de la misma calidad, el cambio no sería, en definitiva, tan mal negocio.

Potes, 19 de octubre de 2.001.
Casa de Cultura de la Fundación Fredo Arias de la Canal.

18 Septiembre 2006

Lunes

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7º Concurso de fotografía Eusebio Bustamante

Liébana 2006.

Bases del concurso:

Participantes:
Podrán participar todas las personas que lo deseen, salvo los miembros del jurado.
Tema:
Liébana y su Jubileo.
Modalidades:
Blanco y negro / color
Formato
El que se deseé siempre que no supere el tamaño del soporte (30×40 cm.)
Presentación
Las fotografías se entregarán colocadas sobre un soporte de cartulina de 30 x 40 cm.
De los originales, un máximo de tres por participante en cada modalidad, se podrá abordar cualquier tema siempre que esté situado en esta comarca. Serán anónimos y se presentarán acompañados de un sobre cerrado en el que se incluya la categoría, el nombre del autor, dirección y número de teléfono para contacto.
No podrán presentarse trabajos ya publicados ni premiados en otros concursos.
Debidamente protegidas se enviarán a la siguiente dirección:
Sociedad Económica de Amigos del País de Liébana
Concurso de Fotografía Eusebio Bustamante
Apartado de correos nº 60
Potes, 39570 Cantabria, España.
Plazo y fallo:
Entrarán en concurso todos los ejemplares recibidos antes del 1 de diciembre de 2006. El fallo del jurado se hará público el día 11 de diciembre de 2006 coincidiendo con la apertura de la exposición.
Premios
• Blanco y negro.
o Primer premio: 350 €.
o Segundo premio: 200 €.
• Color.
o Primer premio: 350 €.
o Segundo premio: 200 €.
• Premio para el tema del Jubileo. 350 € (Único).